| Los
yaggol son una subraza degenerada de los malignos y aterradores desuellamentes.
Degenerados, en este caso, no significa más degradados o decadentes
(los desuellamentes ya son decadentes en extremo). Antes bien, los yaggol
han regresionado culturalmente, y sus en su tiempo formidables poderes
mentales se han atrofiado y perdido.
En
apariencia, los yaggol son casi idénticos a sus primos. Son más
grandes, miden unos dos metros de altura, y poseen un mayor poder físico.
Poseen el mismo misterioso parecido a un maligno pulpo, incluidos los
cuatro largos tentáculos que ocultan su boca. Su piel es camaleónica,
y cambia de color y dibujo para adaptarse al entorno. Los cambios de color
posible se alinean desde el verde brillante al naranja escarlata, abarcando
varios tonos de marrones, verdes y amarillos. Poseen tres dedos en cada
mano, extrañamente unidos de tal modo que cada uno puede oponerse
a los otros dos. Los miembros más viejos de su comunidad visten
con ropas fluyentes, mientras que los jóvenes a menudo no llevan
más que simples taparrabos.
Combate
Aunque
han perdido mucha de la inteligencia de sus antepasados, los yaggol siguen
siendo increíblemente peligrosos y astutos en combate. Es extremadamente
difícil descubrirlos si están ocultos contra un fondo natural,
uno que encaje en el abanico de colores de sus poderes. Los yaggol deben
estar dentro de un radio de 10 metros antes de poder ser descubiertos.
Si no es detectado, el yaggol ataca siempre con sorpresa.
Una
vez en combate, un yaggol ataca con sus puños, lanzando poderosos
golpes. Además, puede atacar con sus largos tentáculos.
Como con el desuellamentes, cualquier tentáculo que golpee se abrirá
camino hasta el cerebro de la víctima. Luego sorbe el cerebro fuera
y lo devora.
Los
yaggol han perdido casi todos los grandes poderes de los desuellamentes.
Así, no tienen habilidad innata de conjuros y sólo poseen
un simple estallído mental. Éste afecta a aquellos dentro
de un radio de tres metros en torno a las criaturas. Todos dentro del
área deben superar una tirada de salvación contra varita
o sufrir daño de la intensa agonía mental que irradia la
criatura. Los de su raza (incluidos los más avanzados illithids)
son inmunes a este efecto. El estallido mental sitúa una gran tensión
sobre las criaturas; deben aguardar una hora antes de intentarlo de nuevo.
Además, las aturde durante el round imnediatamente después.
No pueden emprender acciones hasta recobrar su espíritu.
Los
yaggol son extremadamente salvajes y feroces. Al mismo tiempo, no son
tan estúpidos como para luchar en situaciones abrumadoramente desfavorables.
Se retiran por voluntad propia de las batallas que se ponen en su contra,
incluso dejando a algunos de los suyos detrás. Cuando pueden, toman
esclavos (una cena para otro día). Si esto falla, buscan matar
a tantos como sea posible para proveerse de una gran cantidad de carne
fresca para la tribu.
Hábitat
/ Sociedad
Los
yaggol son descendientes de la más poderosa y numerosa raza de
los desuellamentes, una raza estelar de las oscuras y frías extensiones
del espacio. Según sus leyendas, que son extremadamente confusas,
los yaggol habitaron en su tiempo las estrellas, pero ahora se hallan
confinados a esta tierra tras haber ofendido a algún poderoso ser.
Lo más probable es que sean los supervivientes de un fracasado
intento de colonización de Taladas, un fracaso causado por la destrucción
del Cataclismo. Hablan yaggol y cualquier lengua local que exista, el
cha'asi en Taladas. Aunque originalmente eran una raza que amaba sólo
la oscuridad, los yaggol se han adaptado a la vida en la superficie, aunque
siguen prefiriendo la reconfortante penumbra de la jungla. No se aventuran
más allá del húmedo calor de la jungla.
Ecología
Los
yaggol tienen una vida media de no más de 60 años, los primeros
cinco de los cuales los pasan en estado de renacuajo. Durante este tiempo
hay una clara posibilidad de ser devorados por sus mayores en tiempos
de hambruna. Los índices de nacimiento son correspondientemente
altos para ajustarse a las escasas posibilidades de supervivencia hasta
la edad adulta. Como raza son asexuados, y en la conversación se
refieren libremente a sí mismos como ellos y ellas, sin comprender
la diferencia de significado de las dos palabras.
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