Historia de las dos hermanas
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Las Diosas Hermanas
Algunos mantienen que por encima de los dioses existe un ente del cual cada universo no es mas que un pensamiento. De ser cierto, imaginó Dracomiconia como el reino de dos diosas hermanas con diferentes formas de entender el mundo: La Realidad y La Fantasía.
La primera de ellas, llamada Rea, concebía el mundo como un espacio de perfección regido por reglas. De esta manera su desarrollo era perfectamente predecible, en teoría. En la práctica la complejidad creada por las reglas a largo plazo era tal, que únicamente la misma Rea, como diosa que era, conocía el desarrollo de ese mundo.
Faere, La Fantasía, podía haber conocido también el destino del mundo, pero simplemente no estaba interesada. Para ella el mundo era una sucesión de hechos débilmente conexos o incluso completamente inconexos. Casi se podría decir que en vez de trabajar en un solo universo, ella definía infinitos microuniversos independientes, cada uno con su propia historia, creada para su satisfacción personal.
El Destino
Rea comenzó a construir el mundo con ayuda de otro dios, que si bien era su hijo en este universo, estaba en simbiosis con una instancia independiente de este universo. Se trataba del joven anciano Theros, el Tiempo, conocido como El Destino.
Mientras cualquier otro ser iba variando, aprendiendo y creando, desarrollándose en definitiva, El Destino era inmutable. El era el Tiempo mismo, y se encontraba siempre en cualquier momento, de igual manera. Conocía por tanto el pasado y el futuro, ya que su presencia lo abarcaba a todo.
Se mostraba siempre mediante un avatar para ser consejero de ambas diosas. A Rea le explicaba sus acciones en el futuro, y ella gustosa las repetía tal y como las oía, dando lugar al maravilloso mundo que estaba creando, y asombrándose siempre de la que era su propia capacidad de desarrollo. A Faere le mentía a veces, para que ella, al no cumplir sus acciones, diera lugar al verdadero destino.
Las Reglas y Los Sueños
Para llevar a cabo su tarea, una vez creado el Tiempo (o mas bien adaptado a este universo, pues ya existía antes), Rea creó una raza de seres inmortales, Los Reatari (hijos de Rea), encargados de hacer cumplir las reglas que ella imponía. Eran todopoderosos en sus atribuciones, y por lo tanto el mundo funcionaba siempre de manera perfecta según los deseos de Rea.
Faere, siguiendo el ejemplo de su hermana, creó también su propia raza de seres inmortales, Los Nuitar (Sueños), que se enfrentaban con los Reatari para poder “saltarse” las reglas de vez en cuando. Según la visión de Rea, los Nuitar siempre fallaban, y el universo continuaba con su desarrollo normal. Según Faere los Nuitar vencían y cambiaban las reglas, pero solo en ciertas ocasiones, ya que para ella estos enfrentamientos eran también historias y en ellas no le complacía mas la victoria que la derrota.
La Locura y El Caos
Muchos dioses menores crearon ambas hermanas, pero ninguno de ellos tuvo un papel relevante en el principio de los tiempos, excepto Ellelsemenil. Esta era una de las hijas de Faere, y si bien su cometido era incierto (como en el resto de sus creaciones), su carácter destacaba por su imaginación, acompañada por una falta de sentido que daba como resultado las historias mas dispares. Sus ideas se basaban en una lógica extraña que variaba sin rumbo fijo. Era en definitiva La Locura, y entretenía a Faere con sus aventuras y desventuras.
Pero aún siendo una diosa menor su capacidad era extraordinaria por la misma libertad de sus ideas, lo que llegó a poner en peligro el mundo de Dracomiconia. Sus pensamientos, que rozaban el absurdo le llevaron a creer que era necesario para el mundo un ser por completo carente de lógica y, sin conciencia de ello, lo creó, en un arrebato entre la locura y la genialidad. Este nuevo ente, cuyo rango podía ser comparado al de las diosas hermanas, y que efectivamente carecía de la lógica mas elemental, fue conocido como el Caos. Pronto resultó ser un problema mas grave de lo que nadie, excepto el Destino, pudo haber imaginado. Destruía todo lo que tocaba, e iba creciendo sin límite. Cualquier elemento destinado a detenerlo, o a acabar con él, dejaba de tener sentido al encontrarse en su presencia. Pronto Rea y Faere no tuvieron mayor remedio que abandonar el mundo en el que habían estado trabajando, para crear uno nuevo, dejando al Caos encerrado en el viejo, con la única limitación de que el espacio que debía ocupar era infinito, y por tanto se mantendría ocupado por toda la eternidad.
Todos los dioses y, los miembros de las razas inmortales que no habían caído en el Caos, emigraron al nuevo mundo para continuar de nuevo con sus labores. Pero para Ellelsemenil todo había cambiado. Se consideró ella misma hija del Caos y decidió que su meta debía ser liberarlo. Sin embargo sus planes nunca serían lo suficientemente cuerdos, ni sus ideas persistentes como para lograr su objetivo, y por si acaso Rea y Faere se mantenían alerta, evitando cualquier plan que por pura casualidad resultase factible.
Rea se mantuvo en constante lucha contra Ellelsemenil y sus seguidores, aunque rara vez pasaban de ser escaramuzas pues La Locura pasaba mucho tiempo enfrentada consigo misma. Conocía el final del mundo y sabía, gracias al destino, que se iba a deber a sus propias reglas, y no al Caos, lo que le parecía adecuado, pues sus reglas eran para ella mas importantes que su propia existencia. Pero también sabía que si el Caos no iba a triunfar sería por su propia persistencia, y por lo tanto no cejaba en el empeño. Faere temía al Caos mas que Rea, ya que el Destino, para cumplir su cometido, le había mentido, indicándole que el fin llegaría de la mano del Caos, cuando Ellelsemenil lograra liberarlo. Sin embargo, aunque se convirtió en una feroz enemiga de su propia hija, nunca llegó a destruirla, pues era a la vez su mayor orgullo. Era La Locura la única parte de su creación que había logrado romper las reglas creadas por su hermana.
