Inicios del Reino de Inald
De Reinos de Dracomiconia, la enciclopedia libre.
Es el segundo de los pasajes del Archivo Trandio. Relata la organización de las tribus y su unificación. También habla de la adoración a los 12 dioses, y la construcción de Murallas de Bhikham.
Las tribus y la formación del reino
El anciano de la megápolis Inald, envió misivas a las ciudades cercanas, invitándolas a que se unieran a él en la formación de un gran reino. Todas las respuestas contestaban lo mismo: Accedían a formar el reino. Sucesivamente, las ciudades que recibieron los mensajes, enviaron más misivas a otras ciudades cercanas, y así, se llevó el mensaje a todas las aldeas habitadas por Sardonúmicos. Un buen día, todos los ancianos se reunieron en Inald para discutir ciertos aspectos del reino que estaban formando, todos firmaron el Tratado Panaszhonys. Decidieron ponerle un nombre, y contra la opinión del anciano que enviara las misivas desde Inald, bautizaron al nuevo estado com El Reino de Inald
Así surgió el reino, y así vivio en prosperidad durante muchos decenios. Hasta que, cuarenta y tres años después de la firma del Tratado Panaszhonys, llegaron las primeras revueltas.
Los Dioses Aktianos y las revueltas Panaszhonikas
Todo comenzó en la tribu Oriah, donde el Gigarkha Oriano recibió una visita. Unos viajeros llegaron de tierras lejanas y le mostraron una nueva religión. El Gigarkha estuvo encantado, y empezó a difundir esta nueva religión por todo el reino.
Mientras en el reino Panaszhóniko, se había desarrolado una religión procedente de las creencias antiguas de los Protoelfitas. El Gigarkha Panaszhóniko difundió esta religión conocida como Aktiana por toda su tribu, pero al intentar llevarla al exterior, experimentó un gran rechazo. El Gigarkha, llamado Raelhos se enfureció, y expuso sus quejas al tribunal Inaldico. Fueron rechazadas.
Raelhos montó en cólera, al sentir que los dioses, venerados desde los inicios de la creación, estaban siendo profanados. Se retiró a su megápolis y desde allí hizo un llamamiento a las armas a todos los ciudadanos de su tribu. Todos aquellos que tenían capacidad para luchar, accedieron a formar el ejército, para proteger el honor de sus dioses.
Invadieron la tribu de Oriah y derrocaron al Gigarkha. Se lo llevaron a Panaszhonya, la capital y lo encerraron en una casa junto a todos los rehenes. Les ofrecieron todas las comodidades que pudieron ofrecerles, pero los mantuvieron encerrados. Repitieron sus quejas al tribunal, pero volvieron a ser rechazadas, Y además, recibieron una declaración de guerra si no soltaban al Gigarkha Oriano y desocupaban las tierras de la tribu.
Así empezaron las guerras Panaszhonikas o revueltas Panaszhonikas. Murió mucha gente, y el reino cayó en la decadencia. Los ejércitos reales lucharon contra los rebeldes, recibiendo victoria sobre victoria. Los Panaszhónikos se vieron derrotados, y se retiraron a la capital. Allí se resguardo a toda la población de la tribu, dejando despobladas todas las tierras. Los ejércitos del reino llegaron a Panaszhonya, y se dispusieron a atacarla. Pero cuando el primer proyectil fue lanzado, un escudo mágico apareció rodeando la ciudad.
La batalla se terminó en aquel momento. Los soldados del reino soltaron las armas y volvieron a sus casas. El Rey, entró en la ciudad y se rindió ante el Gigarkha. Este acto significaba un profundo arrepentimiento, ya que el Rey se dió cuenta de que los dioses verdaderos eran los del Panteón Aktiano.
Desde entonces, la religión sardonúmica oficial es la Aktiana.
Las primeras invasiones y las murallas sagradas
Tras el término de las revueltas Phanaszhónikas, pasaron muchos años sin guerras. El reino volvió a prosperar y se hicieron grandes descubrimientos y avances tecnológicos. Pero, la guerra volvió a llegar al Reino de Inald. Unos invasores semihumanos, conocidos como Kunimbhios, empezaron a incursionar la zona sur del reino. El ejército trató de poner fin a estas incursiones, pero no pudo. Entonces, el Rey propuso una idea, construirían unas murallas, a todo lo largo de la frontera, y entre las tribus. Así se evitarían las revueltas y los ataques externos.
Al siguiente mes, se comenzaron las obras. Las extracciones mineras se explotaron al máximo, con el fin de obtener la mayor cantidad de piedra en el menor espacio de tiempo posible. Tardaron dos años y poco más. El último tramo se construyó cerca de una aldea llamada Bhikham. Fueron llamadas Murallas sagradas, o Murallas de Bhikham
